El lado oscuro de las mascarillas

El lado oscuro de las mascarillas

Desde hace ya varios meses y probablemente hasta bien entrado 2021, el mayor problema al que nos vamos a enfrentar es superar la gran pandemia de este siglo. 

La COVID19 es la enfermedad que está marcando nuestro día a día como individuos. Pero también a nivel colectivo, nuestra sanidad, educación o la economía; este virus está afectando a todos los aspectos de nuestra sociedad.

En el plano medioambiental, hemos visto como se han ido recogiendo noticias positivas debido a la paralización en la producción, el estancamiento del consumo y, en consecuencia, la bajada del nivel de emisiones a la atmósfera.

Estas positivas noticias para el mundo medioambiental, han sido un reflejo de lo que puede llegar a conseguirse si de verdad las administraciones y empresas tuvieran un objetivo verde común.

Lo cierto es que, lejos de ser noticias alentadoras, no son más que consecuencias obvias de la paralización mundial que ha provocado esta pandemia. Por tanto, es de esperar que cuando la población vuelva a la (tan ansiada) normalidad, todos los parámetros de contaminación, deforestación, emisiones, etc volverán a sus niveles "anormales".

Sin embargo, hemos añadido un problema más (si es que cabía algún otro) a lo que a medio ambiente se refiere, se trata del incremento de desechos plásticos que ha generado la COVID19. 

El plástico es un material imprescindible para los equipos de protección individual (EPI) del personal sanitario. Las mascarillas que utilizan, las denominadas FPP, tienen un material filtrante constituido por un entramado de fibras plásticas que retiene los virus. 

Además de las mascarillas, otros EPI también hechos de material plástico son los guantes, las batas impermeables, las gafas y viseras y las pantallas protectoras faciales. Pero el uso de material plástico en los hospitales no se reduce a los EPI. Incluye también diversas piezas para equipos médicos, como respiradores y ventiladores, jeringas de policarbonato, etc.

 

La generación de residuos hospitalarios se ha multiplicado por cuatro en nuestro país. 

 

A todo esto hay que sumar también el aumento provocado por las residencias de ancianos, y el aumento de consumo de estos artículos por parte de la población.

El gran problema de estos residuos es que no pueden ser reciclados y su destino será bien vertederos o bien incineración. El problema se sitúa ahora en las instalaciones de tratamiento térmico de residuos hospitalarios que empiezan a estar colapsadas.

En España, las plantas de tratamiento térmico que se dedican a este tipo de residuos no dan a basto. Es el caso de la de Valdemingómez, en Madrid, que ya ha tocado su techo (90 toneladas diarias).

Y es que existe el gran riesgo de que si no se trabaja con las condiciones óptimas para la incineración de residuos que poseen un elevado contenido en plástico, se pueden generar emisiones de compuestos cancerígenos como las dioxinas y los furanos.

Además de todo esto, nos encontramos con países enteros en los que su población está obligada a utilizar mascarillas. Millones de mascarillas diarias con millones de envoltorios plásticos que terminan siendo desechos en cuestión de horas.

La pandemia de COVID-19 también ha aumentado el consumo de otros plásticos desechables como bolsas, botellas de agua, recipientes para enviar comida a domicilio o embalajes del comercio por internet. Un informe de Ecoembes señala que desde el inicio del estado de alarma se ha incrementado un 15 % la recogida de material en los contenedores amarillos. Este aumento se debe a un mayor consumo dentro de los hogares como consecuencia del confinamiento de la población.

Desde Packawin nos gustaría hacer hincapié en nuestros productos compostables. Precisamente ahora que el modelo empresarial en el mundo hostelero está comenzando a virar hacia el take away, es imprescindible que utilicemos materiales biodegradables, a ser posible compostables y por supuesto, nada de plástico.

La fibra de trigo, el bagazo, la hoja de palma o el bambú, son materiales naturales que además son compostables, por lo que nunca se convertirán en residuos. Todo vuelve a la Tierra, de donde salió. ¿Existe mejor opción?

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