Un Mundo sin Plástico

Un Mundo sin Plástico

Desde hace un tiempo a la actualidad se está planteando seriamente la posibilidad de sustituir el plástico de las saturadas cadenas de montaje. Ahora, hay gente que intenta llevar su propia bolsa para no consumir más (mucho más desde que se ordenó su cobro a los establecimientos por parte del Gobierno), muchos ciudadanos han optado por consumir productos a granel y por rebajar el consumo diario de minucias innecesarias envasadas.

Es verdad que llevamos siendo un gran ejemplo en la industria del reciclado, sobre todo la del papel. Tenemos grabado a fuego algunas normas básicas para el reciclaje y poco a poco, la gente se conciencia de la necesidad de frenar el consumo de plástico.

Todo es positivo, cualquier actitud beneficiosa para el medio ambiente, ya sea recoger deshechos de las playas o desplazarte en bici por tu ciudad no son para nada desdeñables, pero no es suficiente.

La mayoría de las actitudes y tendencias sociales se promueven de manera masiva, es lo que a principios del siglo XX los sociólogos llamaron la teoría de las masas. Por tanto, los gestos individuales quedan en un segundo plano cuando existen grandes industrias que diariamente producen gran cantidad de deshechos plásticos y consumen numerosos recursos para obtenerlos, transportarlos, etc. Para ver la fotografía completa, vamos a ver varios ejemplos.

Existe un tráfico internacional de desechos plásticos, de hecho, desde que China dejó de comprar desechos de otros países se ha colapsado el penoso “mercado de la basura”, algo que ha afectado directamente al mercado español que veía en el gigante asiático su mejor cliente de residuos. Y es que en España generamos más de 21 millones de toneladas de desperdicios al año.

Hoy día existen empresas que se dedican a recoger basura del océano, asociaciones que limpian playas e incluso movimientos populares como el ‘picking’ que consiste en pasear por la playa o el campo con la finalidad de recoger todo residuo o basura que se encuentre. Al mismo tiempo, según GreenPeace, el 79% del plástico producido termina en vertederos o en el medio ambiente y cada día se abandonan más de 30 millones de botellas de plástico y latas en España

Se dice que sólo en el Océano Pacífico hay casi 80 mil toneladas de residuos plásticos. Y es que sólo el 9% del plástico que hemos producido y consumido proviene del reciclaje, es decir, solo 1 de cada 10 envases, botellas, bolsas, etc son de origen reciclado.

Por tanto, está muy bien conseguir que en tu casa se separen los residuos de plástico, papel, vidrio y orgánico, está genial que usemos nuestras propias bolsas para ir al supermercado y dejar de coger el coche para pequeños desplazamientos dando uso a la bicicleta. Son acciones positivas para el medio ambiente, por supuesto, pero también insuficientes.

Es imprescindible comenzar a cambiar y exigir cambios. Necesitamos un cambio dentro del sistema productivo, del sistema económico y por tanto ese cambio tiene que venir apoyado por Gobiernos y empresarios. 

Hoy día existen proyectos para ciudades enteras que, sin duda, abren un hilo de esperanza. Ciudades inteligentes que facilitan la reducción del uso del coche de combustión, reducen el impacto ambiental apostando por la sostenibilidad y por las energías renovables y además, poseen un sistema de regulación ante el comerciante, que evita el envase innecesario y que ayude al comercio ecológico.

Dentro de estos proyectos existe un concepto clave para el éxito de cualquier proyecto ecológico. La aparición del concepto economía circular ha cambiado muchos modelos de negocios y sobre todo ha ayudado a aportar el grado de sostenibilidad que todas las empresas deberían cumplir. La economía circular consiste en un ciclo continuo de desarrollo positivo que conserva y mejora el capital natural, optimiza el uso de los recursos y minimiza los riesgos del sistema al gestionar una cantidad finita de existencias y unos flujos renovables. Además, funciona de forma eficaz en todo tipo de escala.

La importancia de que este tipo de conceptos y acciones se lleven a un nivel estratégico, y medidas como la prohibición por parte de la Unión Europea de los plásticos de un solo uso hacen que veamos como los movimientos que exigen un cambio real ya, están dando sus frutos, que poco a poco conseguimos algo, pero no sólo desde la acción individual, sino exigiendo y aportando de manera colectiva soluciones reales a grandes escalas. La combinación del cambio individual y el colectivo puede hacer que un día veamos que fuimos parte de la solución al mayor problema de la historia de la humanidad.



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