La energía que destruye

La energía que destruye

Uno de los pilares básicos de la lucha contra el cambio climático es la reducción del consumo de energía y la transición energética hacia energías limpias o renovables.

Esta es una de las líneas rojas de todos los tratados firmados, así como requisitos fundamentales para que nuestro planeta vire la alarmante dirección hacia la que nos llevan los irresponsables magnates del sector y sus serviles políticos.

En este sentido, los objetivos marcados están muy lejos de cumplirse, además, cada año crece el consumo de combustibles fósiles, y algunos, como el carbón, vuelven a aparecer con crecimientos anuales que no se veían desde el siglo pasado.

De hecho las emisiones globales de carbono han aumentado un 2% en 2018 después de varios años de casi ningún crecimiento, con una cifra que roza los 33.700 millones de toneladas algo que, al economista jefe del Grupo BP, Spencer Dale, le parece "sorprendente y preocupante" y una señal inequívoca de que "estamos lejos de cumplir los objetivos de reducir la amenaza del cambio climático".

La empresa petrolera preparó un interesante informe sobre el consumo energético, las diferentes fuentes energéticas y el consumo por países y zonas mundiales. Los datos extraídos, como hemos dicho antes, son bastante preocupantes, y es que además de que el consumo mundial de energía creció un 2,9% y los recursos provenientes de los combustibles fósiles siguen siendo de largo los más utilizados, por lo tanto seguimos aumentando la cantidad de CO2 emitida (un 2% más que el año anterior).

Y es que a pesar de todos los movimientos sociales, asociaciones que están cambiando la visión del reto climático, así como innovaciones empresariales y administrativas en materia energética, el consumo de combustibles fósiles sigue en auge, y se calcula que hoy día representan más de un 85% del consumo total de energía.

Según el citado informe de la multinacional británica BP, la demanda mundial de energía primaria creció un 2,9% el pasado año -casi el doble del experimentado en la última década-, y las emisiones de carbono aumentaron un 2% en 2018 -su tasa más alta en siete años-, lo que coloca al mundo, según Spencer Dale, en una "senda insostenible". Preocupantes datos como que Estados Unidos haya provocado el mayor incremento de gasto energético en 30 años (con más del 3,5%).

Y es que el desarrollo sostenible está muy lejos de producirse, las economías crecen y crecen sin piedad y los políticos y empresarios solo alcanzan a apreciar las cifras de crecimiento como síntomas de alegría en nuestra economía o incluso jolgorio en la gestión, cuando todos esos datos conllevan también, una serie de factores intrínsecos, siempre secundarios para sus interlocutores, que no hacen más que refrendar la necesidad de priorizar el cambio de modelo productivo, una economía verde y circular y la transición energética hacia energías renovables en virtud de frenar el cambio climático. 

Por tipo de combustible, el informe de BP indica que, en 2018, el petróleo continuó siendo el más utilizado, representando algo más de un tercio del mix energético mundial. El consumo creció en 1,4 millones de barriles diarios, lo que supuso un 1,5% más, por encima de la tasa media de los últimos diez años por cuarto año consecutivo.

Además, el informe revela que gran parte del aumento del consumo de energía global en 2018 puede estar relacionada con los propios efectos del cambio climático, ya que el pasado año se produjo un número inusualmente alto de días de frío y de calor en muchos de los centros de mayor demanda del mundo, particularmente en EEUU, China y Rusia, lo que provocó una mayor demanda de servicios de refrigeración y calefacción en cada uno de estos países. 

Después de leer los informes de empresas del sector de combustibles fósiles y sacar las alarmantes conclusiones que hemos citado, no nos queda otra que exigir un cambio radical. La huelga climática del pasado viernes tiene que servir para comenzar a concienciar de la necesidad de protesta, de la inmediatez necesaria para organizar políticas hacia el cambio. 

Esto tiene que verse plasmado en los programas políticos. En las próximas elecciones generales habrá partidos centrados en revertir estos efectos, otros “comprometidos” con el cambio climático, habrá otros que no y hay algunos que incluso lo cuestionan, con un negacionismo “Trumpista” que poco sorprende en estos últimos años de giro hacia la derecha. 

Ya que vamos a repetir las elecciones, con todo el gasto (tanto energético, como monetario y ambiental) que eso conlleva, vamos a demostrar que España se suma al cambio, vamos a exigir programas verdes, vamos a exigir presencia presupuestal de las políticas de transición. Necesitamos un Gobierno comprometido con el cambio.

Empecemos por dar una lección a todos y a contribuir a la reducción del derroche de gasto que provocan las elecciones y pidamos que no nos envíen ninguna papeleta a casa. ¡Es fácil! Sólo entra aquí utilizando el Sistema de Certificado digital o la Cl@ve Pin y únete al ahorro. Mañana puede ser tarde.

Añadir comentario

Los comentarios deben ser aprobados por la web