La generación de las crisis

La generación de las crisis

“Nunca ninguna generación estuvo más preparada.” “Los niños de hoy día tienen todo lo que quieren.” “La vida ha sido muy sencilla para ellos.” “No saben de verdad lo que cuestan las cosas.” “Han tenido la suerte de nacer en un Estado de bienestar”...


Estas, entre otras, son las frases más comunes con las que se define socialmente a la generación nacida entre los 80 y los 90. Una generación que creció  durante una década de prosperidad y expansión económica mundial, una época en la que el mundo se globalizó: el escenario de la Guerra fría se acabó y EEUU y su modelo liberal se extendía en el mundo mediante el ya mencionado proceso de globalización.


Con esto, las empresas crecieron, crecieron mucho, comenzaron a emerger las empresas multinacionales, una palabra muy común hoy, pero que planteaban una gran duda en la población de aquella época: ¿Iban a tener las empresas más poder que los Estados? ¿Iban a depender las economías de los países de sus empresas? ¿Iba el mercado a liberalizar las empresas estatales?


Estas preguntas se fueron contestando poco a poco y, el modelo económico fue cambiando hasta convertirse en lo que hoy conocemos como neoliberalismo. Un mercado que "se regula solo", un modelo alejado de la intervención estatal, un modelo donde las empresas pueden fabricar en una parte del mundo subdesarrollada aprovechando los bajos sueldos y condiciones laborales de países tercermundistas y hacer negocios en las ciudades más caras del mundo mientras tributan en cualquiera de los muchos paraísos fiscales creados precisamente para ellos.


Además, después llegó la bomba inmobiliaria y con ella la especulación. Todos los bancos querían construir, comprar y vender casas, las hipotecas estaban a la orden del día e incluso una pareja podía tener 2 y 3 hipotecas, no pasaba nada, ya que “Los precios de las viviendas nunca van a bajar…”


Siguiendo el camino de la gran potencia mundial del momento y su ejemplo como medio para alcanzar la prosperidad económica, el modelo de vida estadounidense se fue extendiendo a todo el mundo junto con sus marcas más representativas y una sociedad en la que el consumo está en el centro de nuestra cotidianidad, la publicidad se hace hueco continuamente en nuestro cerebro y la vida es cada vez más y más rápida.

American flag

Este consumismo desmesurado ha provocado a una sobreproducción desmedida, hoy vemos como muchos productos se tiran sin ser adquiridos o siquiera sin entrar en la cadena de venta. Un mercado neoliberal en el que la superproducción abarata costes y en el que la deslocalización industrial en favor de los países en vías de desarrollo ha mermado muchas de las regiones industriales europeas y americanas y que poco a poco han ido desplazando nuestras economías hacia el sector terciario.


Con todo esto y en medio de un mundo globalizado no podemos dejar de hablar de un concepto mencionado anteriormente: la especulación. El gran arma del libre mercado. Y es que el gran boom inmobiliario fue la primera gran crisis de nuestra época (la de los 80 no está en nuestra memoria). Nuestros padres y abuelos perdieron muchos de sus ahorros, tuvieron que vender inmuebles por debajo del precio que pagaron y muchos de ellos se arruinaron o perdieron el trabajo. Todo por la especulación, algo que una persona de a pie le era sencillo de comprender, existía un mantra generalizado en nuestra sociedad “el precio de las viviendas siempre va a subir”, por tanto no era tan difícil comprender que daba igual cuánto pagaras por tu casa si en varios años costaría más,”obviamente” era una buena inversión. Como para no confiar, cuando todos los “expertos” nos alentaban a invertir, cuando las instituciones como el Banco de España el FMI o la UE nunca advirtieron de ello.


Con todo esto y además de vivir esta situación económica, a principios de siglo vivimos un trágico atentado que siempre quedará marcado en nuestras retinas, los atentados del 11-S también cambiaron el mundo y lo hicieron evidentemente a peor.


Lo que empezó con Bin Laden y George Bush Jr., hoy, casi 20 años después, seguimos sufriendo las consecuencias: un mundo en el que ninguna ciudad está libre de atentados terroristas y con sucesivas guerras en Oriente Medio desde 2001. Esto ha provocado también varias crisis internacionales así como un escenario mundial en el que muchos países se han visto involucrados en salvajes guerras.


Las guerras (todas ellas con EEUU como principal actor) provocaron otra gran crisis de las tantas que nos ha tocado vivir, la crisis de refugiados. Otra vez aquí, otra vez Europa y otra vez los que "mandan" en el mundo han vuelta a decepcionar. Después de guerras como la de Libia, Siria, Irak o Afganistán, millones de personas huían de los bombardeos buscando paz, buscando tranquilidad, buscando un futuro para sus familias, futuros que eran truncados en el “cementerio del Mediterráneo”, o en campos de refugiados (muchos de ellos más parecidos a campos de concentración) y que además ha provocado -propaganda ultraderechista mediante- que muchos países vean, con más xenofobia que nunca, un problema en acoger a aquel que huye de la guerra, tal y como si nos hubiesen borrado nuestra memoria más reciente.


No sólo ha sido una tragedia en el número de vidas humanas que se han perdido, sino que esta situación ha provocado un giro político hacia la peor etapa de nuestra época: el racismo y la xenofobia han incrustado sus teorías y sus prejuicios en nuestra sociedad y están copando grandes cuotas de votos en nuestras democracias. El desempleo y la precariedad de condiciones laborales que este modelo económico neoliberal ha provocado un caldo de cultivo perfecto para que los discursos y los partidos de ultraderecha vuelvan al candelero europeo (a pesar de que sus políticas económicas sean ultraliberales).


Con todo esto y como si fuera poco, además afrontamos lo que muchos llaman la Gran crisis de nuestras vida, o el mayor reto al que se enfrenta el ser humano: la crisis del cambio climáticoMucho hemos hablado en este blog sobre el cambio climático así que no me detendré demasiado. Lo cierto es que esta gran crisis climática es también debido al consumismo, y en definitiva al capitalismo salvaje, un modelo económico que nos “ha regalado” otra y quizá la más importante de nuestras ya mencionadas crisis.


Por último, pero no por ello menos importante, nos encontramos ante una crisis pandémica, una crisis sanitaria, la del coronavirus COVID-19, un virus que tiene al mundo entero en una situación inimaginable hace tan solo unos meses. 

CRISIS COVID-19


Una crisis que nos está enseñando lo verdaderamente importante en un país, su gente, sus trabajadores, y en este caso, sus hospitales y lo imprescindible que son algunas profesiones que el mercado, el sistema y en definitiva la sociedad se han encargado de precarizar.


Hospitales, algo que cualquier ser humano va a necesitar en algún momento de su vida, uno de los grandes principios del Estado de Bienestar también los hemos convertido en un negocio, un gran negocio, en el que la eficiencia y la rentabilidad priman sobre la seguridad de poseer un sistema sanitario preparado para grandes catástrofes, guerras, pandemias o cualquier acontecimiento que necesite un gran despliegue de medios. Nos encontramos ante sistemas sanitarios en los que faltan camas, falta personal y faltan medios, o lo que es lo mismo, falta presupuesto. 


Mi generación,  la más acomodada, la más preparada y probablemente la que afronte los retos más importantes de la historia de la humanidad, ha vivido ya muchas crisis de distintas índoles, nos hemos sobrepuesto, hemos creado y utilizado herramientas para ello y nos hemos adaptado a los nuevos tiempos.


Empresas, organizaciones, movimientos, asociaciones, partidos políticos… No desistimos en intentar mejorar esta sociedad que nos ha llegado. Una sociedad en la que solo mirábamos el gran y estupendo nivel económico y de bienestar en el que nos econtrábamos sin pensar que todo formaba parte de una burbuja, sin pensar en que nuestro alrededor se quemaba, en que nuestros océanos y mares se envenenaban y que nuestros lujos formaban parte de la esclavitud de otros. 


A pesar de todo, confío en nosotros, confío en nuestra generación y confío en el ser humano, nunca tuvimos tanto tiempo para reflexionar como lo hacemos ahora

 

Cuando volvamos a la "vida normal" podemos elegir si seguir con el mismo estilo de vida, el mismo modelo, las mismas reflexiones, los mismos intereses políticos o vamos a intentar cambiar lo que hasta ahora solo nos ha llevado a una crisis tras otra.

 

Si tenemos una lección que nos puede hacer aprender y mejorar muchos aspectos de nuestra vida y nuestra sociedad es: el individualismo no consigue nada. Pensar solo en ti no es la solución. Los grandes problemas necesitan soluciones colectivas, unidos siempre seremos más fuertes y somos capaces de vencer lo que sea.



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