La moda de lo 'Bio', lo 'Eco' y lo 'Orgánico'

La moda de lo 'Bio', lo 'Eco' y lo 'Orgánico'

Cada vez es más habitual encontrarnos en nuestro supermercado etiquetas con palabras como 'Bio', 'Orgánico', 'Ecológico', 'Ecofriendly' o simplemente 'Eco'

Son palabras que nos gustan, nos entran por los ojos y cada vez más. Son palabras que nos conducen a pensar que lo que hay debajo de esa etiqueta es más sano para nosotros y para nuestro planeta. Muchas veces es verdad, pero otras muchas no lo es del todo.

Partimos de la base que son solo etiquetas conseguidas debido a una reglamentación, es decir, si cumples una serie de normas consigues la etiqueta. Este es el gran problema, y es que en muchas ocasiones, las etiquetas vienen a significar que un producto cumple con una serie de normas, ya sea bio, orgánico o eco. De hecho en nuestro país, no existe una diferencia entre estas tres etiquetas, todas indican lo mismo: un alimento que procede de una agricultura que no utiliza pesticidas ni fertilizantes químicos ni tienen modificaciones genéticas.

En principio esto es claramente positivo para el consumidor, ya que estamos adquiriendo un producto natural, que no está tratado químicamente y cuyo crecimiento ha estado libre de pesticidas. Para el medio ambiente sin embargo, no es un indicador tan positivo porque no existe ningún tipo de control ni norma que establezca parámetro alguno al nivel de contaminación, ni a la eficiencia del regadío o a la huella de carbono que un cultivo provoca. Ponemos un ejemplo. En cualquier supermercado puedes encontrar espárragos, patatas o pimientos 'Eco', sin embargo, esos productos pueden proceder de un cultivo a 12.000 km de ese supermercado, por lo que la huella de carbono de ese producto asciende a niveles que una plantación tradicional en tu país nunca llegaría.

De hecho, un estudio reciente la Universidad Tecnológica de Chalmers (Suecia), ha analizado el coste en carbono de un mismo cultivo orgánico y otro que no lo es, y lo cierto es que debido a la eficiencia de los cultivos industriales, éstos necesitan mucho menos cantidad de espacio y agua para producirse. Por lo que los cultivos tradicionales conducen indirectamente a una menor emisión de dióxido de carbono y provocan un menor impacto en el medio ambiente, reduciendo la huella de carbono.

Sin embargo, este estudio simplemente muestra que si dedicáramos el espacio sobrante de los cultivos tradicionales a espacios de bosque, sería menos contaminante que un cultivo ecológico. Aunque es una presunción irreal, nos deja un mensaje bastante claro: existen siempre mejores opciones. La agricultura orgánica puede ser menos lesiva para un entorno cercano, pero si se utiliza de manera general los efectos pueden ser mucho más negativos a nivel global.

España es el país de la Unión Europea con mayor superficie de producción agrícola ecológica. Sin embargo, estos cultivos pueden ser inmensamente dañinos para el medio ambiente y los ecosistemas ya que para considerarlos ecológicos solo importa el uso de pesticidas y la modificación genética. Por ejemplo, la zona con mayor producción de cultivo ecológico en nuestro país es Almería, cultivos que utilizan mares de kilómetros cuadrados de plástico y que en su mayoría copan regadíos que explotan cuencas acuíferas totalmente secas y producen enormes efectos colaterales.

Este tipo de producciones agrícolas son cada vez más comunes, son las 'producciones ecológicas industriales', cuya rentabilidad está haciendo que los productores vean un filón en lo 'Eco'. Aunque la mayoría de la producción ecológica sigue proviniendo de pequeños agricultores que se han pasado a otro tipo de negocio debido a la explotación de precios de los mercados y grandes superficies, y que ven ahora como su esfuerzo es reconocido con un mejor precio por un producto de calidad.

No es éste un artículo para tirar por tierra el cultivo ecológico ni mucho menos, ni tampoco tenemos porqué alabar la producción industrial, pero tenemos que tomar decisiones que nos lleven a una mejora global y para dar respuesta a todos los problemas es necesario que la industria se ayude de lo ecológico y viceversa.

Es necesario que existan subvenciones no sólo para el que no usa pesticidas sino también para los cultivos sostenibles, para los cultivos cuya producción utilicen máquinas eléctricas, y para aquellas que establezcan su red de distribución de manera local o nacional.

Podemos también generar una red de producción y venta local, o "kilómetro 0", donde los productos lleguen frescos desde el campo a un mercado o un restaurante en cuestión de horas, dejando una huella de carbono casi inexistente.

Debemos evitar la tendencia a mirar solo la etiqueta eco y detenernos en ver la procedencia, qué empresa lo distribuye o qué envase se utiliza. Así podremos hacer una compra más sostenible y mucho más 'Eco'.

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