Las olas de frío y el calentamiento global

Las olas de frío y el calentamiento global

Jesús Barrera Rodríguez

El 2021 se está viendo marcado por las olas, pero no son nos referimos a las mágicas ondas que el océano nos regala al encontrarse con la tierra... Además de la tercera ola de COVID que está sufriendo nuestro país, hemos comenzado el año con récords de registros en España tanto de frío como de precipitación de nieve. Y es que se han llegado a alcanzar los 34 grados bajo cero en la Península Ibérica, y un espesor de 50 cm de precipitación de nieve en plena capital madrileña.

A pesar de que los expertos advirtieron que una tormenta de origen polar se acercaba a nuestro país, nunca nadie había visto nada igual y de hecho, no existe en nuestros registros algo parecido.

No vamos a detenernos en imágenes, vídeos o datos sobre la tormenta Filomena, ya que probablemente todos los informativos hayan repetido hasta la saciedad todos y cada uno de los detalles relacionados a esta ya eterna tormenta. Vamos a intentar entrar en profundidad sobre un tema que pulula por nuestro país en particular, pero que se se hace extensible al resto del mundo:

¿Son estas olas de frío consecuencia del calentamiento global?

Y la respuesta es clara: sí. No hay medias tintas, la meteorología es una ciencia y los expertos nos explican qué ha pasado y por qué.

El pasado 5 de enero, la agencia estadounidense de los océanos y la atmósfera hizo una clara advertencia: el vértice polar se había roto. El vértice polar es el encargado de aislar las grandes masas de aire frío en el entorno polar. Pero debido al rápido calentamiento que sufre el Ártico, ese vértice ha terminado rompiéndose, aunque no se asusten, no es la primera vez.

Ya en 2019 comenzó a producirse este efecto, como vemos en el mapa de temperaturas que aparece en el tweet a continuación. Esto provocó olas de frío y nieve en buena parte de Estados Unidos, Canadá y Europa, donde se registraron las temperaturas más bajas de la historia. 2019 fue también el año con las temperaturas más altas jamás registradas.

El resultado, como advirtieron los expertos, son olas de aire y nieve por Europa y América del Norte, mientras que en el Polo Norte se registran récords de altas temperaturas. 

Lo cierto es que desde hace ya varias décadas los periodos de intenso frío van disminuyendo, nuestros inviernos son cada vez más cálidos y las olas de frío confluyen menos frecuentemente.

El océano ártico es considerablemente más sensible a los cambios de temperatura que el resto del planeta, y además, al igual que el Polo Sur, se presenta fundamental en el engranaje que provoca un orden climático mundial. El problema reside en que el calentamiento de la región ártica se produce al doble de velocidad que la del resto del planeta

A diferencia del Polo Sur donde existen montañas de hielo de más de 3000 metros, el Polo Norte es básicamente agua congelada en el Océano, por tanto es mucho más sensible a los cambios de temperatura y también fundamental para el buen desarrollo de las corrientes oceánicas, que permiten la estacionalidad, la formación de borrascas y por tanto un factor clave para el sistema climático. 

A pesar de que es un acontecimiento puntual, que desaparece con el paso de los días, y forma parte de un proceso de deshielo anual, algunos efectos naturales tienen crecimiento exponenciales, y no progresivos, y hay puntos de no retorno a partir de los cuales la inercia de los cambios se hace ya irreversible.

Por tanto, estamos ante otro de los efectos del cambio climático, extremas olas de frío, que a pesar de ser paradójico, son producidas por el calentamiento global, ya que los polos, y en concreto el polo norte, sufren de manera más agresiva el calentamiento que sufre nuestra atmósfera debido a la emisión de gases contaminantes.

 

 

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