Los ecosistemas son claves para entender esta crisis

Los ecosistemas son claves para entender esta crisis

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Inmersos en el encierro, desde la cómoda soledad que ofrece el portátil y algo cansado de leer sobre el mismo tema, ayer leía una noticia muy interesante: confirman que el coronavirus COVID-19 no ha sido creado por el ser humano. 

Es decir, no ha sido intencionadamente creado como muchas teorías conspiradoras han advertido, y es que según publica la prestigiosa revista Nature la variación genética de este virus con respecto a anteriores coronavirus es una 'mutación natural' que en ningún caso puede producirse en laboratorios. 

Los investigadores indican que su origen es fruto de la evolución natural. “Al comparar los datos disponibles de la secuencia del genoma para las cepas conocidas de coronavirus, podemos determinar firmemente que el SARS-CoV-2 se originó a través de procesos naturales”, apunta Kristian Andersen, profesor asociado de inmunología y microbiología en el Instituto de Investigación Scripps (Estados Unidos).

Para muchos, que el origen del virus sea natural  -que no haya sido creado a conciencia para infectar a una parte de la sociedad, o dañar la economía, etc- es un alivio. Para otros es un auténtico drama que una pandemia pueda originarse así, de la nada, del día a la mañana.

Lo cierto es que la acción humana es clave en la aparición de pandemias como la del COVID-19 y lo vamos a explicar.

Para empezar, el ser humano y sus acciones sobre el medio ambiente favorecen que este tipo de organismos, ocultos en la naturaleza, entren en contacto con las sociedades. "Simplificamos los ecosistemas, reducimos el número de especies y perdemos biodiversidad. Esto hace que desaparezcan especies intermedias que actúan como barrera, favoreciendo que estemos en contacto con otras especies con las que nunca teníamos contacto y, por lo tanto, más expuestos", como explica a Público Fernando Valladares, doctor en Ciencias Biológicas e investigador del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

La reducción de los ecosistemas y la sobrexplotación que sufre nuestra el planeta es sin duda otra causa que favorece el contagio rápido de este tipo de virus por el mundo con cada vez mayor periodicidad. Como expone Juantxo López de Uralde, diputado ecologista y presidente de la Comisión de Transición Ecológica del Congreso: "Existe una vinculación probada científicamente entre la destrucción de entornos naturales y la aparición de nuevas enfermedades","Con la destrucción de bosques tropicales para, por ejemplo, plantación de monocultivos, las especies desaparecen y otras buscan refugio en zonas más cercanas al ser humano, que interactúa con el animal a través de comercio de especies, o directamente se lo come, y termina contagiándose", resume el experto.

El problema de eliminar bosques para la explotación económica va más allá de la moralidad ecologista y abre la puerta a que se aumenten los riesgos de propagación de enfermedades. Según explicaba esta semana en la BBC Peter Daszak, ecólogo e investigador clave en el descubrimiento de los murciélagos como origen del SARS, se estima que en las zonas más recónditas del planeta se esconden en torno a 1,7 millones de virus sin descubrir, lo que revela hasta qué punto destruir espacios naturales en favor de la economía –sea deforestación o sea tráfico de especies exóticas– puede aumentar los riesgos de una pandemia como la actual.

Valladares advierte del valor de la naturaleza como barrera ante este tipo de fenómenos: "Uno de los mensajes más importante durante esta crisis es que la biodiversidad nos protege. Es algo que debe de quedar claro. Estamos gastándonos una ingente cantidad de dinero en contener un fracaso, que es lo que es el coronavirus, porque el éxito no es vencer la pandemia, sino que no se produzca y para ello es necesario recuperar los ecosistemas y mantenerlos intactos".

Y es que en todas las epidemias de este siglo ha habido un denominador común: seres humanos que entran en contacto con animales con los que en el pasado no guardaban relación alguna.

Esta irrupción del ser humano en la naturaleza se convierte, según un informe reciente del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), en un "boomerang" que se vuelve contra la salud global. Así, la expansión del COVI-19 se se debe, según las primeras publicaciones, a un proceso de zoonosis que, lejos de tener su origen en los mercados de especies exóticas, comienza en las actividades de deforestación y construcción de infraestructuras en territorios boscosos. Este es el primer paso para que animales prácticamente desconocidos se acerquen al ser humano.

Tendemos a buscar un origen y una explicación a todas estas pandemia y siempre recurrimos al animal, siempre ponemos el simple ejemplo del eslabón justo que precede al contagio humano, cuando el culpable real es el ser humano, que de manera directa o indirecta ha sacado a las especies de sus ecosistemas.

Por lo tanto, queda demostrado que aunque no protejamos nuestros ecosistemas por pura ética o amor a la naturaleza y al mundo en el que vivimos, tendremos que respetarla aunque sea por simple autoprotección. Necesitamos cambiar las estructuras sociales y económicas que favorecen la depravación de la naturaleza y encontrar una via de desarrollo que encaje con respetar nuestro ecosistema.

 

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Umer Ishfaq
Umer Ishfaq
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